Suelo pélvico, conoce su función y recupera su poder

Se habla de que la incontinencia urinaria es un problema que afecta a un 30% de mujeres antes de los 60 años y dos de cada 3 mujeres después de esta edad.

El dolor, la incontinencia fecal, el estreñimiento y la caída de órganos internos  (prolapsos) son otros problemas relacionados con esta zona, de los que se habla muy poco.

¿Te has encontrado alguna vez ante la embarazosa situación de que se te escapen unas “gotitas” cuando estordunas, corres, toses o realizas un esfuerzo?

Y ¿cómo has actuado? ¿Lo has comentado con alguien? ¿Has acudido a un profesional para tratarlo o te lo has guardado para ti?

Estos temas son tan delicados que suelen estar muy silenciados y relegados al coste asociado a los embarazos, a los partos y/o la edad.

Lo cierto es, que estas gotitas son los primeros síntomas de que el sistema no funciona bien y que es el momento de empezar a cuidarlo.

Sabes donde se localiza exactamente el suelo pélvico en tu cuerpo? ¿Como se comporta ante un esfuerzo o cuándo recibe una presión desde arriba?

Aquí van unas pinceladas de como es, que función tiene y que le gusta y no le gusta, para empezar a cuidarlo y poder optimizar su función.

 ¿Cómo es y de que se ocupa?

Lo obvio:

El interior de nuestra pelvis, es un sistema vivo y complejo compuesto de piel, vísceras, cuerpos eréctiles, músculos, ligamentos, fascias, nervios, vasos y orificios.

El suelo pélvico se extiende desde el pubis hasta el coxis, recogiendo a todo ese sistema, uro-recto-genital, para formar  la base de la pelvis.

En las mujeres, se encuentra atravesado por tres orificios, gracias a los cuales podemos evacuar, mantener relaciones sexuales y dar a luz a nuestros hijos (la uretra, la vagina y el ano).

Como es una  zona “de paso”  tiene que ser flexible, pero al mismo tiempo, al tener que sostener a los órganos que viven arriba, tiene que ser fuerte.

Es decir, que para un buen funcionamiento ha de ser FUERTE y FLEXIBLE a la vez.

Qué cualidades tan opuestas, ¿verdad? A primera vista parecen difíciles de combinar, pero un periné en buen estado, es capaz de reunir a ambas en perfecto equilibrio.

Cuando esta zona es funcional se puede  contraer y/o  relajar voluntariamente.

Si damos la orden de que la musculatura del suelo pélvico se active los movimientos que se producen de forma voluntaria son: cerrar y ascender.

Cerrar el diámetro de atrás hacia delante (entre pubis- coxis) cerrar el diámetro de lado a lado (entre isquion-isquion) y subir hacia el interior de la pelvis.  Y cuando se relaja lo que sucede es que desciende y se abre.

Pero  al estar enmarcado en un espacio tan limitado y tan íntimo (repleto de connotaciones culturales, tabúes…) se  pierde el contacto y la voluntad sobre él, mucho antes que la de otras zonas más visibles y superficiales de nuestro cuerpo.

Lo no tan obvio

El suelo pélvico, aun siendo un sistema de control voluntario  en la vida cotidiana funciona  de una manera refleja (sin que tú pienses en activarla). Forma parte de un conjunto de  músculos que conforman el espacio abdomino-pélvico, que funciona también como un sistema en sí mismo: el diafragma por arriba, las abdominales por delante, la musculatura paravertebral por detrás y suelo pélvico por abajo.

Juntos, entre otras cosas, se ocupan de dar estabilidad a nuestra postura y garantizar una adecuada transmisión de fuerzas al realizar cualquier movimiento y una buena gestión de las presiones que llegan desde arriba.

¿Qué no le gusta?

Teniendo en cuenta los dos factores arriba mencionados, para optimizar las funciones de sostén, control de esfínteres y sexualidad que recaen sobre el suelo pélvico, no solo hemos de dar flexibilidad y fuerza al periné, sino también hemos de aprender a gestionar las presiones que se ejercen sobre él.

Podemos decir que cada vez que queremos sacar algo de nuestro cuerpo vamos a ejercer una presión sobre el espacio abdomino-pélvico y si hay algo que no le sienta bien al suelo pélvico, son las PRESIONES.

Se producen presiones como resultado normal de hablar, toser, gritar, cantar, ir al baño. Otras se producen al realizar un esfuerzo físico, levantar un peso.

Y una de las principales presiones que recibe de manera constante, son las derivadas de los malos hábitos posturales.

¿Quieres hacer una prueba?

-Sentada en una silla o de pie con la espalda encorvada:

Pon la mano bajo tu suelo pélvico y tose o estornuda. Observa si tu suelo pélvico se abomba (va hacia la mano) o se cierra y asciende.

– Sentada en una silla o  de pie, con la columna bien elongada, pelvis neutra, con el pecho hacia arriba y hacia el frente y la cabeza como si quisieras acariciar el techo. Repite el ejercicio anterior.

¿Has notado la diferencia? Ha reaccionado de manera diferente tu abdomen y tu suelo pélvico? ¿Ha cambiado la presión al cambiar de postura?

Como verás, a veces, pequeños cambios de hábitos resuelven grandes problemas físicos y fisiológicos.

Como lo podemos cuidar

Si tienes algún síntoma que te indica que hay un desequilibrio lo mejor es acudir a un especialista de suelo pélvico para que te hagan un buen diagnóstico y te den el tratamiento adecuado a tu caso específico.

Sea cual sea tu caso, el cuidado pasará por:

Conocerlo, sentirlo y aumentar la propiocepción de la zona para integrarlo en tu vida cotidiana. 

Aprender a activarlo y/o relajarlo voluntariamente y reprogramar la musculatura refleja.

Mejorar hábitos posturales, si fuese el caso también hábitos alimenticios, miccionales y fecales.

Si ya tienes una rutina de ejercicio, estaría muy bien incluir alguna práctica dirigida a reestablecer circuitos neurales hacia esta zona y si no la tienes espero que después de leer este articulo tengas ganas de establecerla.

A nivel preventivo hay muchas prácticas dirigidas a relajar, fortalecer, flexibilizar o normalizar el tono de estos músculos, entre ellas:

  • Conciencia sensorial;  para aumentar la conciencia y propiocepción de la zona.
  • Kegel, para trabajar la fuerza.
  • Gimnasia Abdominal Hipopresiva y reeducación postural para mejorar la gestión de las presiones de manera que cualquier actividad que realicemos en la vida cotidiana integre al periné y no pese sobre él.
  • Yoga y técnicas de liberación y estiramiento miofascial que permitirán flexibilizar y relajar.

Las posibilidades son muchas y los caminos variados, lo importante es despertar la curiosidad y las  ganas de reconquistar este lugar tan íntimo y sagrado de nuestro cuerpo y experimentar como su buen estado puede ser una fuente de placer y de empoderamiento o  por el contrario, su mal estado un motivo para sentirte mal.

Si quieres atraer más estabilidad, creatividad y confianza a tu vida, empieza por optimizar la función de esa zona de tu cuerpo donde por naturaleza se genera toda esa energía. No dejes que haya más fugas!.

Cierro con unas palabras muy inspiradoras, extraidas del libro “Cuerpo de Mujer Sabiduria de Mujer” de Christiane Northrup

 «Los órganos pélvicos internos están relacionados con los asuntos del segundo chakra, que tienen que ver con la sexualidad, poder y dinero. Por lo tanto, cuando este chakra está sano, la mujer se siente capaz, competente y poderosa para crear abundancia, estabilidad económica y emocional y para expresar plenamente su creatividad».

Joaquina López

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